Continuamos con nuestro viaje y decidimos visitar Puerto Varas, una ciudad turística, fundada en 1853 principalmente por colonos alemanes y suizos. Sus casas construidas en madera, tienen las características de los pueblos de montaña.
La avenida costanera rodea el lago Llanquihue que significa "lugar hundido" y en su magnitud, a lo lejos se imponen los volcanes Calbuco, Osorno y Puntiagudo.
El lago se formo en la última glaciación. De ahí que sus aguas de azules y verdes sean tan maravillosas. Es aquí donde probé por primera vez el helado de mango... ¡exquisito!
Llegaba el atardecer y con el las ganas de descansar.
Seguimos buscando un camping rumbo a Puerto Montt, que es la capital de la región de Los Lagos. Ciudad portuaria y pesquera. La fundó Vicente Pérez Rosales en 1853 como Melipulli y hoy lleva su actual nombre por el presidente Manuel Montt. Debo reconocer que los paisajes son bonitos, tiene su encanto pero los vicios de una "ciudad". Un poco de basura en las calles y mal olor. La costanera es fenomenal... podríamos haber caminado por ella pero el cansancio era mucho, mucho más fuerte. Así fue como llegamos a "Los Álamos", ubicado en las afueras de Puerto Montt. Un camping, que posee también cabañas.
Frente al golfo está la isla Tenglo que se puede ver perfectamente desde los palafitos, sobre los cuales están ubicadas las cocinerías de Angelmó. HUY!! La comida ahí es exquisita, sabrosa y abundante. Sobre todo los pescados y mariscos que obvio son de la zona. Una cuadra antes de Angelmó está la feria artesanal, donde puedes encontrar de todo. Lo mas rescatable son las artesanías talladas en madera y los tejidos.
Al día siguiente cruzamos a Chiloé. Mística isla, llena de leyendas y misterios.
De Pargua a Chacao son como 20 minutos navengando en un ferri. Se puede ver como la tierra abre paso al mar infinito. Llegamos a Ancud, preciosa ciudad fundada en 1767 cuando aún Chile era colonia española y Carlos III era Rey. La idea era proteger los barcos de corsarios y piratas. Ya saben siempre robando y protegiendo los intereses de la corona. El fuerte San Antonio muestra aún los cañones y secuelas de aquellos tiempos.
Ancud es fenomenal. Aire renovado,tranquilo y fresco, con sus construcciones típicas de madera y revestidas en tejuelas. Me hubiera encantado pasar más días ahí, pero seguimos rumbo a Castro donde almorzamos "cancato" (salmon con cebolla, queso y longaniza) Mmmm delicioso! Castro es una ciudad mágica que invita a permanecer más de un día para descubrir sus encantos.
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