Estos días han sido complicados. Si bien ya es complicado el paso del tiempo por sí solo, se agregó otro detalle. Mi examen de sangre.
Todo empezó porque la doctora no tiene hora disponible hasta el 6 de septiembre. Así que yo dándomelas de intérprete, comencé a indagar sobre los valores señalados en dicho examen.
El problema fue que hay pruebas que no encajan entre los parámetros señalados como normales y eso me motivo a investigar en internet que eran y para que servían. Así conocí a las por hoy en día famosas “fosfasatas alcalinas”. Isoenzimas que transportan el azúcar y el fósforo y están presentes en el hígado y los huesos. El asunto es que cuando están elevadas es porque algo no anda bien (excepto en mujeres embarazadas, niñ@s o quien tenga una fractura). Son señales de cáncer, ya sea en los huesos, hígado, páncreas, etc, etc. Ahora bien, la elevación de las mías es razonable, digo, no llega a ser tres veces lo normal.
También mi organismo está reaccionando mal ante el exceso de azúcar que ingiero. Hipoglucemia. Ya. Mi papá tiene diabetes y por ahí puede que yo la herede si no me cuido. Además tengo antecedentes familiares de celiaquía, por lo que los dos síntomas anteriores se relacionan con esta enfermedad.
Fui a un doctor general, porque me preocupó. Pero no me dejó muy contenta con su explicación. Miró todos los exámenes y me dijo que estaba más sana que un yogurt. Jajaja! Eso sí, me dio un tratamiento para el asunto de la hipoglucemia.
Y ahí estoy… quiero una segunda opinión. Así que tendré que esperar el 6 de septiembre para ver que dice la médico.
Mientras… pasándome películas sobre lo que puede ser.
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